
El deshielo llena los ríos que vuelven a correr, los bosques reverdecen
y los vencejos regresan e inundan los cielos de nuestros pueblos y
ciudades. La vida se abre paso, incluso cuando el capital y la política
tratan de subyugarla.
Vivimos bajo un régimen de guerra contra todas las formas de vida.
Bosques, ríos, mares, montañas, animales, plantas y personas se han
convertido en dinero y residuos. Proyectos extractivos, urbanísticos
y especulativos avanzan como incendios sobre los territorios,
destruyendo memorias, salud y vínculos comunitarios. La violencia se
normaliza, la injusticia se perpetúa, y la naturaleza siempre queda al
margen de nuestras decisiones.
Sabemos que otro presente es posible. Restaurar no es decorar lo
destruido ni plantar árboles como marketing. Restaurar es reparar,
devolver vida, reconstruir ecosistemas y relaciones. Es permitir que
los ríos vuelvan a correr, que los humedales respiren, que los bosques
antiguos se reconecten con sus especies. Restaurar es cuidar, es
proteger, es dejar que la vida se autoorganice y se regenere, respe-
tando sus tiempos y sabiduría.
Existen ejemplos que nos muestran que la restauración es posible:
corales que vuelven a crecer en zonas vedadas a la pesca, gracias al
trabajo mano a mano con pescadores; marismas que se recuperan y
vuelven a llenarse de vida al restaurar sus dinámicas naturales; ríos
que vuelven a fluir libres tras la eliminación de barreras; bosques
degradados que se regeneran tras los incendios, recuperando su
resiliencia con especies autóctonas. Cada arroyo limpio, cada bosque
renaturalizado, cada humedal que respira es prueba de que podemos
reconstruir un mundo donde la vida no sea sacrificada en beneficio de
unos pocos.
Restaurar es justicia. Debe favorecer a todas, no solo a los privilegia-
dos. Debe proteger territorios y ecosistemas, sin imponer modelos
de consumo ni expulsar a quienes los habitan. Restaurar también es
permitir que en parques, plazas y barrios la naturaleza se haga visible y habi-
table, que los árboles y los pájaros vuelvan a ser vecinos.
Celebramos victorias como la detención de proyectos destructivos en A Ulloa
o Urdaibai, como la alegría de que el lince ibérico vuelva a criar en sus territo-
rios. Restaurar la naturaleza es volver a poner en pie la vida, reconocer que
somos parte de ella, y que ninguna economía, tecnología o ciudad puede existir
al margen de los ecosistemas que nos sostienen.
Quienes lanzamos este manifiesto nos levantamos con la naturaleza. Nos
levantamos frente a la destrucción, frente a la gentrificación verde, frente a
decisiones políticas y empresariales que sacrifican la vida por dinero. Nos
levantamos para exigir que la restauración ecológica sea política, social y
comunitaria: que se proteja lo que queda y se recupere lo perdido.
Esta primavera hacemos un llamamiento a organizarnos para exigir la
restauración de nuestros territorios. Un proceso de movilización que crezca
desde lo local hasta confluir en una semana de movilizaciones por la naturale-
za, del 30 de mayo al 7 de junio de 2026. Acciones descentralizadas que trans-
formen la indignación en acción: renaturalizar, limpiar, cuidar, proteger, movi-
lizar. Un impulso colectivo que conecte luchas, visibilice conflictos y abra hori-
zontes compartidos. Porque cada gesto cuenta, cada acción suma, cada
territorio importa, y juntas podemos convertir esta primavera en un punto
de inflexión para la vida.
Restaurar es convertir la rabia en acción. Restaurar es alegría compartida.
Restaurar es memoria que inspira un futuro que construimos juntas. Imagi-
namos pueblos que son bosques, ríos que fluyen libres, humedales, mares y
playas llenos de vida, barrios donde los ecosistemas y las personas coexisten
en equilibrio. Imaginamos un mundo donde proteger la vida y restaurar la
naturaleza es un acto de justicia, esperanza y comunidad.
¡Nos levantamos con la naturaleza!
¡Organízate, movilízate, actúa por la naturaleza!
Firma el manifiesto:
https://forms.gle/2CoYa7BoStgFg3Xx9

